El Viejo San Juan parece diseñado para seducir: murallas sobre el Atlántico, fachadas de colores, balcones de hierro y calles empedradas. Pero no fue construido para ser encantador. Quien dominaba este islote controlaba uno de los primeros puertos profundos y defendibles que encontraban los barcos procedentes de Europa. Su belleza nació de una estrategia militar.

La ciudad que cambió de lugar

En 1508 Juan Ponce de León fundó Caparra, al oeste de la bahía. El lugar era húmedo, mal ventilado y quedaba lejos del muelle. Tras años de quejas, el asentamiento se trasladó en 1521 al islote de la entrada del puerto.

Entonces ocurrió un curioso intercambio de nombres. La isla se llamaba San Juan Bautista y el puerto, Puerto Rico. Por el uso cotidiano, ambos nombres se invirtieron: la isla pasó a ser Puerto Rico y la ciudad, San Juan.

San Juan es la ciudad europea más antigua fundada en territorio de Estados Unidos y la segunda capital europea más antigua de América, después de Santo Domingo. San Agustín, en Florida, es posterior, aunque conserva el título de asentamiento europeo continuamente habitado más antiguo de los Estados Unidos continentales.

La leyenda de que Ponce de León buscaba la fuente de la juventud apareció después de su muerte. No existe prueba de que él la mencionara. Casa Blanca fue construida para su familia, pero probablemente nunca vivió allí.

La fortaleza que resistió y la ciudad que cayó

La Fortaleza comenzó a levantarse en la década de 1530, pero protegía la bahía interior, no la entrada. En 1539 se inició el Castillo San Felipe del Morro, una obra que evolucionó durante unos 250 años hasta convertirse en una fortaleza de seis niveles.

El Morro suele presentarse como inexpugnable, y en gran medida lo fue. La ciudad, sin embargo, cayó dos veces. En 1598 el conde de Cumberland desembarcó al este, atacó por tierra y tomó San Juan. La disentería obligó a los ingleses a retirarse. En 1625 una fuerza neerlandesa ocupó la ciudad y La Fortaleza, pero no pudo conquistar El Morro; al marcharse incendió buena parte del poblado.

En 1797 los británicos regresaron. La tradición cuenta que una procesión nocturna de mujeres, ancianos y niños con antorchas hizo creer al enemigo que llegaban refuerzos. Es una bella leyenda local, aunque no puede considerarse la causa documentada de la retirada.

Los adoquines azules no son españoles

Las guías repiten que los adoquines azul grisáceo eran lastre de los galeones españoles. Los archivos municipales dicen otra cosa. Fueron bloques de escoria industrial comprados a Inglaterra a finales del siglo XIX. Existen registros de pedidos, agentes en Manchester y Liverpool y cargamentos enviados desde Middlesbrough. Uno llegó en febrero de 1894.

Por tanto, no son coloniales, ni españoles ni antiguo lastre naval. Son residuos industriales victorianos adquiridos comercialmente. Su origen es menos romántico, pero no reduce la belleza de las calles cuando cae la tarde.

Qué ver

El Morro y el Castillo San Cristóbal forman parte del Sitio Histórico Nacional de San Juan. San Cristóbal, más grande y menos visitado, protegía el acceso terrestre. La Fortaleza sigue siendo residencia del gobernador y es una de las mansiones ejecutivas más antiguas de uso continuo en América.

El Paseo de la Princesa recorre la base de la muralla sur. Casa Blanca funciona como museo. La catedral de San Juan Bautista conserva la tumba de Ponce de León. La iglesia de San José, iniciada en 1532, reabrió tras una larga restauración.

El cementerio Santa María Magdalena de Pazzis ocupa una franja espectacular entre El Morro y el mar. La Puerta de San Juan es la antigua entrada marítima por la que los dignatarios subían hacia la catedral.

Consejos prácticos

El casco histórico puede recorrerse a pie, pero está construido en pendiente y los adoquines se vuelven resbaladizos con la lluvia. Las mañanas son más frescas y tranquilas; al mediodía llegan muchos pasajeros de cruceros. La Perla es un barrio habitado, no un parque temático, y debe visitarse con respeto.

El conjunto fue inscrito por la UNESCO en 1983. Puerto Rico pasó a soberanía estadounidense en 1898, después de que una escuadra bombardeara la ciudad en mayo y España cediera la isla en diciembre.

Al atardecer, sobre las murallas, se comprende la ironía final: una fortaleza construida para una guerra interminable sobrevivió a su función y terminó convertida en uno de los mejores lugares del Caribe para mirar el mar.