Fortaleza Inconquistable: El Legado Perdurable del Castillo San Felipe de Barajas
Ubicado en la cima de la colina San Lázaro, a 40 metros de altura en Cartagena de Indias, el Castillo San Felipe de Barajas se erige no solo como un monumento histórico, sino como un formidable testimonio de la ingeniería militar española en América. Esta imponente estructura de piedra, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1984, fue el baluarte defensivo clave para el vital puerto colonial español, un lugar donde la historia se forjó en el fuego de los cañones y la resistencia inquebrantable. Su ubicación estratégica ofrecía un punto de vista inigualable, maximizando el tiempo de reacción ante cualquier flota enemiga que se acercara.
El Inicio de la Construcción: Un Imperativo Militar
La construcción del castillo comenzó en 1536, aunque las principales fortificaciones, incluido el fuerte original con forma de "bonete", se iniciaron en 1656 bajo el gobierno de Francisco de Murga, quien aseguró los fondos necesarios. El gobernador Pedro Zapata de Mendoza supervisó el proyecto y bautizó el castillo en honor al rey Felipe IV. Los planos iniciales fueron elaborados por el ingeniero Ricardo Carr, utilizando materiales locales como cemento y roca, a menudo transportados y ensamblados por esclavos africanos.
La estructura inicial, terminada en 1657, era primitiva pero esencial. Albergaba una pequeña guarnición de veinte soldados y estaba equipada con ocho cañones. Sin embargo, la verdadera prueba de la resistencia del castillo llegó rápidamente. En 1697, el fuerte sufrió daños importantes durante un ataque liderado por el comandante francés Barón de Pointis, quien logró tomar el castillo temporalmente.
El Genio de Antonio de Arévalo y la Geometría de la Defensa
El diseño actual, masivo e intrincado del fuerte, que consolidó su reputación como prácticamente inexpugnable, es en gran parte obra del ingeniero militar español Antonio de Arévalo. Iniciando sus extensas remodelaciones y adiciones alrededor de 1762, Arévalo transformó la estructura en un formidable búnker geométrico. El diseño revolucionario del castillo presentaba una serie de muros de base ancha que se estrechaban hacia los parapetos, creando pendientes que eran casi imposibles de escalar y diseñadas para que las balas de cañón enemigas rebotaran sin causar mayores daños.
De manera crucial, las baterías y parapetos del castillo no apuntaban hacia la plaza, sino que estaban configurados para cubrirse entre sí. Este sistema entrelazado aseguraba que tomar una batería fuera prácticamente imposible sin tomar todo el sistema defensivo.
La ingeniosidad se extendió a sistemas encubiertos diseñados para la logística interna y la captura del enemigo:
- Túneles: Una extensa red de túneles subterráneos permitía el desplazamiento rápido y no visto de tropas, armas y suministros a través del complejo.
- Cuarteles Subterráneos: Cuarteles subterráneos tenían capacidad para albergar hasta 350 hombres, aprovisionados para resistir meses de asedio exterior.
- Trampas Defensivas: Las laderas estaban plagadas de cárcavas (fosas) y fosos profundos, actuando como trampas ingeniosas para cualquier intruso que intentara escalar los muros.
Con las adiciones de Arévalo, los ocho cañones originales del castillo se ampliaron a un máximo de sesenta y tres, todos estratégicamente posicionados para dominar toda la bahía, listos para apuntar a cualquier embarcación sospechosa.
La Leyenda de Blas de Lezo y la Derrota de Vernon
El momento más célebre del castillo ocurrió durante la Guerra del Asiento en 1741, cuando se enfrentó a su mayor amenaza. El almirante inglés Edward Vernon llegó con una fuerza abrumadora: más de 27.000 soldados, 186 buques y 2.000 cañones. Vernon estaba tan seguro de la victoria que acuñó previamente 35 medallas que representaban al jefe de Cartagena arrodillado y entregando su espada.
La defensa de la ciudad fue orquestada por el legendario almirante español Blas de Lezo, un veterano que ya había perdido un ojo, una pierna y un brazo en batallas anteriores, ganándose el apodo de Mediohombre. A pesar de estar en gran desventaja numérica—Lezo comandaba solo 3.600 hombres y seis buques—su defensa brillante y tenaz desde el interior del castillo y las murallas de la ciudad finalmente repelió la masiva invasión de Vernon. Humillado y derrotado, Vernon se retiró del lugar, supuestamente exclamando: "God damn you, Lezo!" (¡Que Dios te maldiga, Lezo!). Las medallas acuñadas previamente se convirtieron en un símbolo perdurable de su jactancia prematura y su fracaso devastador.
Piedra, Sangre y Leyenda
La inmensa escala del castillo requirió enormes bloques de piedra caliza porosa, extraídos de los arrecifes de coral cercanos y transportados por trabajadores esclavizados. El mortero de unión, calicanto, era una mezcla de cal y arena, tradicionalmente impermeabilizada con sangre de buey. Una leyenda más oscura y extendida afirma que también se utilizó sangre de personas esclavizadas en la mezcla. Sin embargo, los ingenieros modernos confirman que, si bien se utilizó sangre, fue principalmente para mejorar las propiedades de impermeabilización de las cisternas y otras estructuras subterráneas.
Visitando el Hito
Hoy en día, el Castillo San Felipe de Barajas no es solo un sitio histórico, sino un vibrante hito cultural. Es reconocido oficialmente como una de las Siete Maravillas de Colombia tras una encuesta nacional realizada por el periódico El Tiempo.
Información para Visitantes:
- Ubicación: Situado en el cerro San Lázaro, al este del centro histórico de la ciudad.
- Horario: Lunes a domingo, de 7 a.m. a 6 p.m.
- Tarifa Plena: Aproximadamente $9.58 USD ($36.000 Pesos Colombianos). El tiquete incluye un mapa, pero no el servicio de guía turístico o audioguías, que se pueden contratar por separado.
Los jardines exteriores albergan dos monumentos importantes:
- La Estatua de Blas de Lezo: Un homenaje al almirante que defendió heroicamente la ciudad en 1741.
- Los Zapatos Viejos: Una gran escultura de bronce erigida en 1943 en honor al poeta colombiano Luis Carlos López, inspirada en el verso final de su poema A mi ciudad nativa: "Más hoy, plena de rancio desaliño,/bien puedes inspirar ese cariño/que uno les tiene a sus zapatos viejos".
Una visita al castillo permite pasear por sus inusitados declives, rampas, túneles y puestos estratégicos de artillería, ofreciendo una conexión tangible con la historia heroica, compleja y a veces oscura de Cartagena de Indias.
El Castillo San Felipe de Barajas sigue siendo un poderoso símbolo de defensa, una fortaleza construida contra la marea de la historia que finalmente aseguró el destino de una de las ciudades coloniales más importantes del Nuevo Mundo.




