El paciente recordaba una sensación de raspado en el cuello. Según el relato que conserva el museo del Massachusetts General Hospital, dijo que la operación no le había dolido. Ese testimonio pasó a formar parte de un hito médico. El 16 de octubre de 1846, el dentista William T. G. Morton administró éter mientras el cirujano John Collins Warren operaba ante observadores en Boston. El paciente era un joven impresor, Gilbert Abbott.

Una demostración y un paciente

La sala sería conocida como Ether Dome, la cúpula del éter. Había sido el quirófano del hospital desde 1821. Hoy, a 180 años de aquella demostración, la historia más difundida invita a una conclusión sencilla: se había vencido al dolor. El expediente de Abbott exige una lectura más cuidadosa.

El anestesiólogo Paul G. Firth examinó y reprodujo esos documentos en un estudio de 2022. Warren había intentado ligar los vasos que irrigaban una lesión congénita situada bajo la mandíbula de Abbott. Su tamaño no había cambiado cuando recibió el alta, el 7 de diciembre. La célebre operación no había curado la afección.

Un relato retrospectivo añadido al expediente describe también movimientos y gritos durante la última parte del procedimiento, aunque Abbott declaró después que no había sentido dolor. Firth concluye que la anestesia general fue incompleta. Esto no borra la importancia de la demostración; permite distinguir un experimento de grandes consecuencias de la versión simplificada que pueden producir las conmemoraciones.

Antes y después de Boston

La historia quirúrgica del éter ya había comenzado. El archivo del Boston Children's Hospital sitúa su uso conocido como anestésico general en Georgia en 1842. El museo del Massachusetts General también recoge el trabajo del dentista Horace Wells con óxido nitroso y una demostración fallida en Boston en 1845. Morton se incorporó a un campo en el que otros profesionales ya habían trabajado.

La publicación de los resultados ayudó a que los experimentos de Boston tuvieran mayor alcance. El cirujano Henry Jacob Bigelow describió el uso del éter y la noticia se difundió más allá del hospital. Firth sitúa la operación de Abbott dentro de una serie de procedimientos públicos, en lugar de considerar un solo día como una prueba completa y definitiva.

El trabajo que siguió al hito

Adaptar la anestesia a pacientes distintos siguió siendo un desafío práctico. El archivo del Boston Children's describe cómo la enfermera anestesista Betty Lank y el ingeniero Geoffrey Dykes desarrollaron mascarillas y manguitos para medir la presión arterial adecuados para niños y bebés. Sus equipos llegaron al mercado a más tardar en 1940. La historia continuó con adaptaciones como esas, lejos de la famosa demostración.

Abbott merece ocupar el centro de este aniversario: una persona que buscaba tratamiento, más que un nombre asociado a una invención. Leer su expediente junto al relato del museo permite conservar tanto la importancia del 16 de octubre como los límites de lo que ocurrió aquel día.

Fuentes: Russell Museum: la demostración; Russell Museum: contexto histórico; Archivo del Boston Children's Hospital; Paul G. Firth: Ether Day Revisited, 2022.