La primera ópera ya se había representado cuando la reina inauguró el edificio. El 28 de septiembre de 1973, la compañía Australian Opera llevó Guerra y paz, de Prokófiev, al nuevo teatro de ópera de Sídney. La inauguración oficial por Isabel II llegó el 20 de octubre. Entre ambas fechas hay una diferencia importante: la Ópera de Sídney se estaba convirtiendo en un teatro en funcionamiento, además de una imagen de un país. La ceremonia celebró un edificio cuya creación había exigido mucho más que un dibujo inspirado.

Cincuenta y tres años después de aquella inauguración, su cubierta sigue siendo inmediatamente reconocible. El arquitecto que la concibió, Jørn Utzon, nunca vio la obra terminada en persona. Había abandonado Sídney en abril de 1966 tras una amarga ruptura con el gobierno de Nueva Gales del Sur. Otros completaron los interiores. La historia de la Ópera reúne esos hechos: un diseño extraordinario, la ingeniería que lo hizo posible, una ruptura política y la tarea menos fácil de celebrar de terminar la visión de otra persona.

Un edificio imaginado desde Dinamarca

La necesidad de mejores espacios de representación en Sídney era anterior al concurso. El director de orquesta Eugene Goossens, que llegó en 1947 para ponerse al frente de la Sinfónica de Sídney, defendió la creación de una sede adecuada para la música. El primer ministro de Nueva Gales del Sur, Joseph Cahill, dio respaldo político al proyecto. En febrero de 1956 se abrió un concurso internacional de diseño. En enero de 1957, Cahill anunció al ganador: Utzon, un arquitecto danés de treinta y ocho años que trabajaba lejos de la bahía australiana.

El lugar era Bennelong Point, también conocido como Tubowgule, cuyos custodios tradicionales son los gadigal. Entre sus usos anteriores figuraban un fuerte y un depósito de tranvías. La propuesta de Utzon situaba un conjunto de cubiertas escultóricas sobre una gran plataforma y respondía a un emplazamiento visible desde las aguas que lo rodeaban. Los dibujos del concurso fijaban una ambición arquitectónica. Convertir aquellas formas en una estructura construible exigió más investigación, revisiones y colaboración con los ingenieros de Ove Arup and Partners.

Una geometría común para cubiertas diferentes

Entre 1958 y 1962, el diseño de la cubierta pasó por distintas posibilidades geométricas, incluidas formas parabólicas y elipsoidales. El problema no era solamente cómo sostener una silueta llamativa. Si cada una de sus piezas abovedadas exigía una forma y un encofrado diferentes, construir sería más difícil y más caro. La solución consistió en obtenerlas de la superficie de una misma esfera. Así, piezas de distinto tamaño podían compartir una curvatura común, lo que permitía repetir elementos dentro de una composición que seguía pareciendo variada.

Esa geometría esférica hizo viable la prefabricación y ofreció una base común para el revestimiento cerámico exterior. Las conocidas superficies blancas también fueron fruto de la experimentación. El fabricante sueco Höganäs trabajó durante tres años para conseguir el acabado que Utzon buscaba: reflectante, pero sin el deslumbramiento de un espejo. La aparente ligereza del edificio dependía de esa combinación de geometría, hormigón y superficies cerámicas cuidadosamente desarrolladas. La cubierta era una imagen arquitectónica producida mediante un sistema constructivo, y no un boceto simplemente ampliado hasta alcanzar la escala de una bahía.

El arquitecto se marcha, la obra continúa

Resolver la cubierta no zanjó las dificultades políticas del proyecto. Los costos aumentaban, la fecha de terminación se alejaba y la relación entre Utzon y las autoridades se deterioraba. Tras el cambio de gobierno estatal de 1965, las disputas con el ministro de Obras Públicas, Davis Hughes, incluyeron los pagos y los prototipos que Utzon quería para los interiores. Su reunión del 28 de febrero de 1966 terminó en ruptura. Hubo protestas que exigían la reincorporación del arquitecto, pero los intentos de acuerdo fracasaron. Se marchó con su familia el 28 de abril.

Peter Hall asumió la responsabilidad del diseño dentro del equipo nombrado para completar el edificio, junto a Lionel Todd y David Littlemore, bajo la dirección del arquitecto del gobierno Ted Farmer. Hall había apoyado inicialmente el regreso de Utzon. Aceptar el encargo lo expuso a las críticas de arquitectos que consideraban que solo el autor original debía terminarlo. Sin embargo, quedaba un edificio que hacer utilizable: salas, zonas de circulación, cerramientos de vidrio e interiores cuyas necesidades no podían resolverse únicamente con el exterior terminado.

Una decisión de grandes consecuencias afectó a la sala principal. En lugar de albergar tanto música sinfónica como ópera de gran formato, se convirtió en un espacio destinado específicamente a conciertos. Hall estudió salas en otros países y trabajó con especialistas en la disposición de los asientos y la acústica. Los cerramientos de vidrio también necesitaron soluciones arquitectónicas y de ingeniería que preservaran la relación entre los vestíbulos y la bahía. Su aportación fue un trabajo de diseño sustancial, aunque el relato de la marcha de Utzon a menudo eclipsara la labor de quienes completaron el proyecto.

Una inauguración y una colaboración recuperada

La ceremonia oficial del 20 de octubre de 1973 incluyó fuegos artificiales y la Novena sinfonía de Beethoven. El Archivo Nacional de Cine y Sonido de Australia documenta la presencia de espectadores en la orilla y en embarcaciones en la bahía. Para entonces, los escenarios del edificio ya habían iniciado su propia historia. La primera ópera y la inauguración real fueron acontecimientos diferentes, y esta última no cerró todas las discusiones sobre la construcción. Sí confirmó que el proyecto, tan disputado durante años, se había convertido en un espacio público de representación.

La Ópera de Sídney, con el Opera Bar en primer plano.
La Ópera de Sídney, con el Opera Bar en primer plano.

La relación de Utzon con la Ópera se reanudó de otra manera en 1999, cuando aceptó desarrollar directrices para futuras modificaciones. Sus principios de diseño sirvieron como marco para proteger el carácter del edificio y permitir a la vez su adaptación. En 2004, la sala de recepciones reabrió tras una remodelación de Utzon y recibió el nombre de Sala Utzon. En esta etapa colaboró con su hijo Jan y con el arquitecto de Sídney Richard Johnson. La colaboración renovada no supuso un regreso físico a la ciudad.

La UNESCO incorporó la Ópera a la Lista del Patrimonio Mundial en 2007, reconociendo tanto su arquitectura como sus logros estructurales y tecnológicos. Su descripción vincula expresamente la concepción de Utzon con la creatividad colectiva de arquitectos, ingenieros y constructores. Es una manera apropiada de volver al aniversario. La cubierta hizo reconocible el edificio; quienes lo desarrollaron, completaron y adaptaron hicieron de él un lugar donde las representaciones podían continuar. El 20 de octubre conmemora el momento en que aquella difícil empresa se abrió oficialmente al mundo.

Fuentes: Opera Australia: War and Peace, 1973; NFSA: opening ceremony, 20 October 1973; Sydney Opera House: Jørn Utzon; Sydney Opera House: Tubowgule; Sydney Opera House: the spherical solution; Sydney Opera House: Utzon’s departure; National Museum of Australia: construction history; Sydney Opera House: Peter Hall and completion; Sydney Opera House: renewed collaboration and heritage; UNESCO: Sydney Opera House.